An elusive reference point

 

Javier Arbizu

 

 

Galería Ángeles Baños

Plaza de los Alféreces, 11. Badajoz

 

Hasta el 30-4-2019

 

 

"Que el poeta reviente en su salto persiguiendo cosas inauditas e innombrables: ya vendrán otros horribles trabajadores. ¡Ellos empezarán a partir de los horizontes en los que el otro se haya desplomado."

 

                                                                Iluminaciones, Arthur Rimbaud

 

 

Un punto de referencia difícil de alcanzar. Como intentar alcanzar el horizonte, esa línea siempre distante. Como intentar descifrar los pensamientos del otro, esa persona a nuestro lado desde hace tiempo, de la que sorprendentemente jamás llegaremos a conocer su insondable profun-didad. Lo desconocido por revelar. ¿Cómo descifrar la obra de un artista plástico que expresa y expone ante nosotros el resultado de un proceso de trabajo en el que se han ido acumulando años y vivencias? A través de las formas, materiales y su disposición en el espacio accedemos mediante pistas compartidas a todo un complejo universo creativo propio construido a lo largo de los años y compactado en un solo gesto, ahora aparentemente indescifrable. Ante nosotros objetos que funcionan aquí como una cápsula del tiempo en la que se ha contenido una experiencia, una vida y múltiples referencias, solapadas y eclipsadas una sobre las otras. Referencias compartidas, que forman parte de ese horizonte común, de ese mismo mar en el que nadamos y en el que dialogamos en una conversación infinita, y que nos sobrevivirá más allá de nuestra existencia.

 

Distancias, espacio y tiempo. El tiempo cronológico que nos presenta los acontecimientos es un escenario lineal sobre el que nos encontramos ahora tan sólo unos restos, cáscaras vacías, inertes, que nos hablan de aquello que nos sobrevivirá. Quizás sólo una sombra de lo que hayamos sido. El resto: piel, cuerpo, sangre, ojos, lengua, corazón; todo desaparecido. Materiales que evolucionan en constante transformación que, como el bismuto empleado en los moldes de esas extremidades fosilizadas en medio de la acción, son tan frágiles como nuestra existencia. Pero esto no les impedirá sobrevivirnos, casi milagrosamente. Ese extraño material, que irradia luz y se quiebra con sólo mirarlo, será el último en extinguirse tras una vida que se estima en veinte trillones de años, más que la edad del universo. ¿Qué quedará de nosotros cuando hayamos muerto? ¿Qué sobrevivirá si el fuego y la lava abrasa nuestros cuerpos como a los ciudadanos de la vieja Pompeya?

 

La práctica de Arbizu "pone-en-obra y corporeiza lugares" y permite explorar nociones que nos hablan del habitar humano y del permanecer de las cosas que atañen y circundan a la especie humana. Una mirada al pasado que lanza preguntas hacia el futuro, de nuevo ese aparentemente horizonte lejano al que llegamos cada día y paso a paso, por pequeño que sea, y que en nuestro nuevo imaginario contemporáneo e hiper-tecnológico está protagonizado por la idea de un nueva edad media por venir, un paso atrás hacia la oscuridad de nuevo, ante el terror y la paralización de nuestros cuerpos ante el próximo Apocalipsis financiero o el último desastre ecológico o la nueva erupción volcánica. Todo se mueve, las capas tectónicas sobre las que asentamos lo que llamamos civilización. Todo está siempre y para siempre enfocado al ocaso y la extinción de lo conocido.

 

"La vida es horizontal, estrictamente una cosa detrás de otra, una cinta transportadora que nos arrastra poco a poco hacia el horizonte. Pero la historia, la visión de la historia, desde la nave espacial que se aleja, es algo diferente... La historia y la mirada libran una dura batalla en el centro de esa constante que denominamos tradición... En efecto, a medida que (nos alejamos), la tradición misma nos parece otro adorno

 

más en el salón; tan sólo un ensamblaje cinético con reproducciones pegadas que se mueve por pequeños motores míticos y exhibe maquetas de museos en miniatura. En el centro advertimos la presencia de una celda de luz uniforme que parece crucial para que el conjunto funcione: el espacio expositivo, el espacio de la galería." [Dentro del cubo blanco. La ideología del espacio expositivo, O'DOHERTY, Brian)

Siempre hay un origen, un Ápeiron inmortal e indestructible, inengendrado e imperecedero, del que se engendran todas las cosas. Todo vuelve, en un circulo vital y vicioso. Todo poema, como el sabio Rimbaud argumenta en sus Iluminaciones sigue "siendo, en el fondo, poesía griega" a pesar de su contemporaneidad. Siempre volveremos. Siempre. "Toda poesía antigua desemboca en la poesía griega , vida armoniosa. Desde Grecia hasta el movimiento romántico, -Edad Media- hay letrados versificadores. Todo es prosa rimada, mero juego, apoltronamiento y gloria de innombrables generaciones idiotas. ¡Ha durado ya dos mil años! ¡Si los viejos imbéciles hubieran descubierto del yo algo más que su significado falso, ahora no tendríamos que andar barriendo tantos millones de esqueletos que, desde tiempo infinito, han venido acumulando los productos de tuertas inteligencias, que se proclaman autoras de ellos!"

 

Alrededor de la sala penden estructuras que asemejan cuadros en la pared pero que no albergan ninguna clase de representación. Telas superpuestas sobre bastidores metálicos emiten ondas, efectos visuales distorsionados y aberrantes. Alucinaciones en forma de moaré que sigue y persiguen los pasos del espectador. Está ahí, ¿lo ves? Quizás me lo esté inventando, pero veo algo. No está muy claro, pero ciertamente algo hay ahí. Hay algo de las estructuras metálicas que nos recuerda al Modulor, del otro sabio y maldito Le Corbusier, aunque sea sólo una referencia a la proporción, que es también la proporción Áurea. Nos movemos ante un mismo espacio enmarcado por una misma estructura, la del ahora. Espacio y tiempo son dos conceptos inseparable-mente relacionados en el modelo matemático. En el continuo espacio-temporal se desarrollan todos los eventos físicos del Universo, de acuerdo con la teoría de la relatividad y las teorías físicas. Según estas, el tiempo no puede estar separado de las tres dimensiones espaciales, y al igual que estas depende del estado de movimiento del observador. Desde esta perspectiva pseudo- euclidiana, el Universo es un espacio de cuatro dimensiones, tres son las dimensiones espaciales y una cuarta dimensión temporal.

 

Todo nos lleva al mismo punto, una y otra vez. ¿Lo ves ahora? El poeta como el artista tiene que ser vidente entregado al inmenso desarreglo de todos los sentidos. El creador tiene como primer objeto de estudio su propio y entero conocimiento, en él se confronta con su alma, la inspecciona, la pone a prueba, la aprende. Y debe ser medium para poder transmitírnoslas a los espectadores, ávidos de explicaciones, de conocer, de saber el porqué. Tras esto lo que hace falta es darle la vuelta, hacer monstruosa el alma, envejecerla y afearla sin temor, hacerla pasar por todos los venenos y quedarse con su quintaesencia. Convertirse en enfermo, criminal, maldito. "Y en el supremo Sabio!"

 

Arbizu resume en este conjunto de piezas su intensa experiencia tras pasar por la Academia de España en Roma, en la que él mismo relata que se siente como un personaje que, a oscuras y con una antorcha, explora su cerebro y va alumbrado nuevas conexiones que crecen en él. Oscura como se dice que es la nueva edad media por venir.

 

 

Todo vuelve, todo se desvanece.

A nuestro alrededor sólo queda

espacio vacío.                               

 

                                                                                                                                         Beatriz Escudero

 

Texto e imágenes cortesía de galería Ángeles Baños.

arte contemporáneo

arte contemporáneo

Inicio         En boga         Noticias         Galerías         digital & nets         Galleries

  • Wix Facebook page
  • Wix Twitter page

arterritory.net

arterritory.net

Soy un párrafo. Haz clic aquí para agregar tu propio texto y edítame. Es muy sencillo.

Página optimizada para GOOGLE CHROME y MOZILLA FIREFOX

2017 © arterritory.net