Al otro lado

 

Jorge Gil

 

 

Espacio Olvera

Mallén, 8. Sevilla

 

Hasta el 29-6-2019

 

 

No, jamás, nada, nunca

 

El proceso mental que lleva a un niño a creer en el Ratón Pérez es el mismo que alentaba a determinadas tribus a comerse el corazón de su enemigo para absorber su energía o a Melvin Udall a cerrar cinco veces consecutivas el pestillo de su puerta.

 

El pensamiento mágico, propio de sociedades primitivas y creencias populares, aparece en el ser humano durante su infancia, convenciéndonos de que nuestra mente o actos pueden modificar el mundo que nos rodea sin ninguna relación lógica entre causa y efecto, fruto de la incapacidad de comprender determinados conceptos abstractos. En situaciones adultas más complejas, este proceso puede convertirse en una suerte de placebo, aflorando para superar determinadas situaciones extremas o carentes de sentido (como el fallecimiento de seres queridos o justificar el karma) así como en el peor de los casos acabar derivando en trastornos mentales de carácter obsesivo o depresivo.

 

Ser consciente de este mecanismo psicológico y hacerlo autónomo, es lo que permite a Jorge Gil transformarlo en una poderosa y versátil herramienta de comunicación que universalice vivencias íntimas y ocultas, en un ejercicio paralelo a la correspondencia entre los niveles antropológicos (sociales) y psicológicos (individuales) de las mitologías del mundo antiguo o las relaciones ocultistas entre religión y muerte. Pero lejos de ejercer una inocente fe ciega, el autor incluye matices, pistas que nos hacen recordar que en ocasiones el excesivo misticismo acaba por descubrir el truco, como quién decide destapar la sábana del fantasma.

 

Al otro lado por tanto, es una exposición en formato de instalación ambiente, que parte de las investigaciones llevadas a cabo por el artista acerca del pensamiento mágico como canal para continuar en su análisis de la condición humana y específicamente la transmutación que sufre la identidad del ser, a causa de desajustes mentales como la depresión, pero también de la puesta en duda de todos estos mecanismos. Una intervención artística cruda e inquietante que marca a la vez una evolución en los modos de hacer del artista, abriendo nuevos caminos formales y conceptuales en su trayectoria.

 

Una evolución que acompaña al modo en el que Gil interviene sobre el espacio de acogida, pasando de una total transformación del mismo, -patente en proyectos anteriores-, a una aparente simbiosis con el cubo blanco; pero lejos de encontrarnos con una subordinación a las reglas del espacio neutro, el proceso parece más bien sibilino, con la intención de rebajar la crudeza de un relato al que debemos ir sucumbiendo progresivamente. Para ello, no duda en emplear la solemnidad de aquel junto con otros códigos propios de la tradición museística.

 

Por tanto, Jorge Gil nos propone aquí un proceso de catarsis conjunta, dando salida a la necesidad de universalizar emociones ocultas pero a la vez proponiéndonos un camino mágico, inexplorado y ciertamente liberador, sin caer en la inocente derrota del creyente, sino más bien en el existencialismo como vía obligatoria, para no sucumbir al nihilismo.

 

                                                                      Julio C. Vázquez Ortiz

 

 

Texto e imágenes cortesía de Espacio Olvera.

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