La irresistible potencia expresiva de Moisés Yagües

 

 

Carriles hacia el norte

 

Con el nombre ‘Ferrocarril subterráneo’ (‘Underground Railroad’), durante una parte del s. XIX funcionó una red clandestina en Estados Unidos y Canadá que ayudaba a trasladarse hacia zonas libre a los esclavos negros que se fugaban de los estados esclavistas. El nombre procede de la utilización de términos vinculados al ferrocarril para referirse encubiertamente a sus operaciones por parte de los integrantes de la red, que ofrecía alojamiento, guía y la siguiente dirección segura a los fugados.

 

Así, los ‘maquinistas’ eran los que ayudaban a los esclavos en la zona de huida, llegando incluso a acompañarles una parte del trayecto con riesgo para su propia vida, pues la ayuda a un esclavo huido llevaba aparejada la pena de muerte. Las ‘estaciones de ferrocarril’ eran viviendas de ciudadanos donde se acogía discretamente a los huidos, facilitándoles descanso y los medios necesarios para la siguiente etapa de su viaje.

 

Las rutas de escape eran conocidas como ‘carriles’ y los estados antiesclavistas de la Unión y Canadá constituían el ‘destino’. Obviamente, los fugados eran los ‘pasajeros’.

 

De entre los centenares de activistas antiesclavitud que colaboraron con el ‘Ferrocarril subterráneo’, quizá merezca destacarse la labor de Harriet Tubman, nacida esclava en Maryland con el nombre de Araminta Ross, que consiguió escapar a la libertad y regresó hasta trece veces a su tierra natal para ayudar a huir a numerosos esclavos. Buena conocedora del terreno, era una ‘maquinista’ fiable y segura.

 

El ‘Ferrocarril subterráneo’ funcionó hasta la abolición de la esclavitud en todo el territorio de los Estados Unidos, tras la finalización de la Guerra Civil con la victoria del Norte antiesclavista.

 

El recuerdo del ‘Ferrocarril subterráneo’ es precisamente lo primero que acudió a mi pensamiento cuando contemplé por primera vez los extraordinarios grabados de Moisés Yagües. Esas barcas en las que se arraciman migrantes desesperados, esos aviones sobre los que, precariamente agarrados a donde pueden, los migrantes otean hacia un destino infinitamente mejor que lo que dejan atrás, nos hacen plantearnos que en el tiempo transcurrido desde mediados del s. XIX y la actualidad, si bien han sucedido acontecimientos y fenómenos extraordinarios que han cambiado el devenir de la humanidad, todavía restan lacras que han permanecido muy similares a las de entonces. Y que provocan, necesariamente, la necesidad de huida en aquellos que las padecen.

 

Hoy los migrantes huyen también de la esclavitud. No de una esclavitud legal, sí de una sujeción a la miseria, la ignorancia, el hambre, el terror, la dictadura y la enfermedad que en sus tierras natales les esclaviza con tanto o mayor rigor que disposiciones legales esclavistas. En sus carencias, no son esclavos ‘de iure’, pero sí lo son ‘de facto’ y, como corresponde en buena ley, todo esclavo tiene el derecho, y aun diría la obligación, de escaparse. Y eso es lo que hacen. Como en los tiempos del ‘Ferrocarril subterráneo’, huyen del sur para establecerse en el norte, desafiando toda clase de peligros que en ocasiones causan la muerte de los huidos y a veces las de sus ‘maquinistas’.

 

Relativismo económico, social y cultural: en el norte rico se suele denominar ”mafias que trafican con seres humanos” a los que desde el sur pobre se consideran ‘maquinistas’ que también se juegan la vida o la cárcel en el intento de trasladarles al norte. Sin embargo, no es lo mismo. Unos pagaban para hacer lo que sus convicciones humanitarias les demandaban, mientras que otros cobran por hacer lo que sus paisanos les demandan. Pero, en último instancia, el resultado es el mismo: la huida. En la mayoría de las ocasiones con éxito; en la minoría de ellas, con fracaso. Y, en todo caso, demasiadas con muerte.

 

Sorprende la capacidad de Moisés Yagües para realizar una analítica descriptiva de este proceso migratorio en cada una de sus obras: desde la descarnada plasmación de un ‘fuera’ y un ‘dentro’ separados por un círculo que se erige en expresiva barrera infranqueable hasta la metáfora del chorro de inmigrantes escurriéndose por un grifo, único acceso posible hacia ‘dentro’. Se trata de una analítica basada en la elaboración de un potente código de señales artístico que recorre cada obra de Yagües mostrando, casi podríamos decir que con cierto desapego, lo más característico y a la vez más crudo de la temática que trata: su inevitabilidad. Es inevitable que un esclavo intente fugarse y es inevitable que un artista lo ilustre. Y es inevitable que las obras de Yagües impresionen al espectador, porque tienen una carga adicional de expresividad, un plus de potente virtualidad: la que es capaz de conseguir mediante las técnicas del grabado el artista que conoce bien su oficio.

 

Y del oficio y el trabajo de Moisés Yagües hablarán magistralmente a continuación Marisa Vadillo y Natalia Farré.

 

                                                                                           Alvaro Sánchez

                                                                                                           arterritory.net

 

 

 

Moisés Yagües. ‘Al otro lado’

 

Entrar, salir, agarrarse, esconderse…son juegos ineludibles que hoy en día todos –en mayor o menor medida- practicamos con pericia en nuestra experiencia habitual diaria. Nadie escapa: los triunfadores, los perdedores, los de aquí, los de allí. Todos estamos sometidos a ese azar cotidiano que, en algunos casos, se presenta como una pura tragedia que transforma al individuo en una escueta mercancía en tránsito. Muchos parecemos obligados a alcanzar alguno de esos paraísos terrenales de los que nos separa apenas una valla física o social como único elemento distorsionador. En el enorme espejismo global instalado a este lado triunfa una ilusión común que elogia popularmente a sus modernos protagonistas, que celebra en exceso el mito de Peter Pan, que sólo acepta como víctima aquella que lo es de fenómenos como la moda. Aquí reina un nirvana delirante en el que jóvenes tecnófilos impacientes sueñan con licántropos digitales o vampiros adolescentes.

 

Tenemos así en la actualidad un desquiciado contexto social y cultural, aparentemente híper visual pero vacío ante el que el artista contemporáneo no suele pasar de largo. De este modo recordamos las palabras de Susan Sontag en su ensayo ‘Ante el dolor de los demás’ cuando afirma que “se supone que una fotografía no evoca sino muestra”. En este sentido, esta obra gráfica de Yagües elige ambas posibilidades, vivir en ese lado, el de “los otros” con el fin de sacar a la luz la parte más oscura y dolorosa de nuestro complejo sistema social. Su obra bucea entre esos nómadas modernos e involuntarios a los que les ha tocado vivir el arduo papel de víctimas y héroes simultáneos, que los convierte en protagonistas de esta gran tragedia moderna en la que unos individuos son tratados por otros como mercancía en tránsito en un proceso en el que la huida y el retorno se confunden. Llenas de sensibilidad y explorando una estética muy simbólica cercana a la poesía, las piezas de Yagües nos muestran al ser humano representado sin trucos ni artificios académicos, unos individuos que están al margen de la banalidad y del espectáculo que invade la experiencia habitual de los que ya estamos en este lado. Sus protagonistas nos recuerdan que nosotros, los de aquí, podemos ser cegados de tanta luz que nos dirigen las falsas estrellas y que nos convierte en ocasiones en simples individuos-marca para quienes el éxito y la felicidad es un mero producto de marketing. Ellos viajan en rutas ocultas, a modo de laberínticas tuberías escondidas, rebosantes de corrientes humanas cuya salida o llegada está controlada por metafóricos grifos, como nos recrea en ‘Traffic-men’. Precisamente por ello, los protagonistas de los grabados de Yagües, con sus rostros a modo de máscaras, son el testimonio de una época que quiere dar apariencia de normalidad al peligro; son la mirada que justamente manifiesta que lo homogéneo y la diversidad están en continuo conflicto. Ellos son nuestro reflejo más real.

 

En esta serie gráfica denominada “Al otro lado” los títulos –tan odiosos generalmente de establecer para los artistas- están llenos de llamadas directas y retadoras al espectador; son anuncios que están avisando: ‘Entra si puedes’, ‘Agárrate fuerte’, etcétera. Estas advertencias que el autor hace no son gratuitas. Sus grabados están invadidos visualmente de fronteras gráficas, simples pero rotundas e infranqueables como el definitivo entorno que muestra en ‘Sal si puedes’ o ‘Entra si puedes’, donde el artista plantea un reto casi imposible de llevar a cabo. A ello se une que en el imaginario al que recurre esta exposición existen espacios ocultos que son elementos definitivos en este juego de invisibilidades: dramáticos agujeros, túneles, sótanos e incluso ratoneras que plantean unos refugios –no libres de sospecha- y que en este caso parecen esconder una trampa o al menos una salida dudosa, como parece insinuar Yagües en su obra “El escondite”.

 

El conjunto de esta muestra supone un material artístico en el que el lenguaje monocromo en blanco y negro domina el discurso conceptual. Un planteamiento que tan sólo rompe el autor de un modo tenue en algunas piezas que interviene manualmente con una escala cromática muy sutil y frágil aplicada a algunos personajes o elementos mínimos. Esto es un acierto absoluto, tanto en función de la temática como por la técnica que recrea la serie. El grabado, desde sus inicios, ha sentido debilidad por la simplicidad cromática, lo que es natural debido a su cercanía práctica con el dibujo más ortodoxo. Aunque actualmente todo vale -y más en el arte- imaginemos los grabados de ‘Los Desastres de la Guerra’ realizados por Goya invadidos de colores pop, divertidos, inocentes y comerciales: sería una imagen no menos que curiosa, una imagen que sólo podría producirse en estos días en los que aceptamos lo festivo y banal como elemento de juicio en cualquier asunto, por muy trascendente que sea. Pero, en general se entiende que el drama no tiene color, que no suele dar lugar a la sensualidad cromática. En nuestra tradición judeo-cristiana el sentimiento de luto se corresponde con el color negro: sería absurdo que el “Guernica” de Picasso fuese una tragedia rosa. Yagües lo sabe y se sirve del monocromo más rotundo para recrear el entorno y la naturaleza de esos seres que parecen gritar en silencio, alejados de esa llamada de atención que Edvard Munch plasmó en su cromático y famoso grito. En esta muestra, hay grandes masas compositivas en las que una bella pero rotunda mancha negra abruma con su superficie a las enormes texturas humanas formadas por esos seres apilados que miran mientras son tratados y hacinados como pescado, como corrientes humanas. Aquí, el negro es silencio, vacío, definitivo. Apenas hay lugar para la luz más esperanzadora.

 

Con la serie ‘Al otro lado’ -a través de técnicas clásicas del grabado como la aterciopelada línea de la puntaseca o la rotunda xilografía- Yagües nos sitúa frente a un espejo de papel que nos muestra y devuelve realidades que no siempre estamos dispuestos a mirar. Con honestidad, con el drama justo, el artista nos cuenta qué ocurre en aquellos lugares a los que nadie quiere ir ni volver. En definitiva, estamos ante una obra que invita a agarrarse fuerte, tanto a los de este lado como a los del otro.

 

                                                                                    Dra. Marisa Vadillo

                                                  Artista plástica y Profesora del Departamento de Dibujo

                                                                        Facultad de Bellas Artes de Sevilla

 

 

 

 

Al otro lado. Ironía, frescura y mucha ternura

 

Lo primero que llama la atención de ‘Al otro lado’ es la frescura e ironía con la que Moisés Yagües trata el drama de la inmigración.

 

Las ilustraciones permiten intuir lo desgarrador del tema pero a la vez invitan a la sonrisa. Una sonrisa dibujada con la ternura que se adivina en cada uno de los trazos entre naífs y étnicos de las imágenes.

 

Son imágenes que incitan a la reflexión desde el humor y la ingenuidad, no desde el horror explícito. Yagües insinúa y el espectador piensa. Al artista le gusta dejar que el público realice su propia lectura, que haga el esfuerzo de sacar sus propias conclusiones. Que no tienen por qué ser siempre las mismas, ya que las piezas, como las fronteras, permanecen pero cambian, evolucionan y no son iguales para todo el mundo.

 

En las obras, realizadas con la técnica de la xilografía, aparecen personas dispuestas a todo para vivir en el otro lado; gente perdida en túneles laberínticos, frente a alambradas infinitas o a la deriva en medio de un mar revuelto. Hombres y mujeres capaces de emerger por un grifo, si esta es la única salida, o de adentrarse por un desagüe, si este es la única puerta de entrada. Salir y entrar, la dicotomía del inmigrante tan claramente expresada por Moisés Yagües en las imágenes de las guardas del libro (‘Sal si puedes’ y ‘Entra si puedes’). Queda claro, tan difícil es huir de la exclusión como acceder a las promesas del mundo occidental.

 

La simplicidad del trazo de Yagües se debe a su pasión por la ilustración, el diseño gráfico, y el cómic, influencias siempre presentes en su obra. También se intuye un cierto peso del arte africano y étnico, sobre todo en esta serie que el tema lo exigía, como exigía el uso del blanco y negro. Aunque en la ausencia de color también se reconoce el ascendente de Antonio Saura, gran amante del negro y muy admirado por el artista.

 

 Aunque ‘Al otro lado’ son más importantes las influencias literarias que las visuales, como la inspiración que supone para Yagües la manera que tiene Eduardo Galeano de tocar el tema de la inmigración; o lo que dice Manuel Rivas en El lápiz del carpintero por boca de uno de sus personajes “Lo único bueno que tienen las fronteras son los pasos clandestinos. Es tremendo lo que puede hacer una línea imaginaria trazada un día en su lecho por un rey chocho o dibujada en la mesa por los poderosos como quien juega un póker". De esta frase y del montón de noticias generadas por los túneles ilegales que cruzan la frontera entre EEUU y México, por la verja que separa Melilla de Marruecos y por las pateras que cruzan el estrecho de Gibraltar surgió la idea original de estos grabados.

 

            Otra cosa que llama la atención de las piezas de Yagües son los títulos que tienen cada una de las ilustraciones que forman parte del libro y que no quedan reflejadas en el texto. Par el artista es fundamental encontrar un nombre adecuado para cada pieza, tanto que muchas veces es primero el título que el grabado. ‘Vaya valla’, ‘Entramos pese a todo’, ‘Sal si puedes’, ‘Entra si puedes’ o ‘Volando voy, volando vengo’, tan irónicos y tiernos como su arte punzante, espontáneo y fresco.

 

                                                                                          Natalia Farré

                                                          Periodista de Cultura de ‘El Periódico de Catalunya’

 

 

 

Imágenes:

 

Moisés Yagües. Serie ‘A cuatro aletas’. Libro de artista

Moisés Yagües. Serie ‘A cuatro aletas’. Libro de artista

Moisés Yagües. Serie ‘A cuatro aletas’. Libro de artista

Moisés Yagües. ‘A la deriva’

Moisés Yagües. ‘La isla’

Moisés Yagües. ‘Volando voy’

Moisés Yagües. ‘Sal si puedes’

Moisés Yagües. ‘Sal si puedes’

Moisés Yagües. ‘La valla’

 

 

Imágenes cortesía de Moisés Yagües

arte contemporáneo

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