La serie ‘Renacimiento de la Utopía’ del pintor Felipe Alarcón (y II)

No apela a la narración como ardid, existe un juego semiótico que permite la asociación de contenidos. En sus composiciones no se presentan imágenes literales, cada  una de ellas, se contrapone entre una combinación de líneas negras difuminadas en gradaciones, logrando así, la delimitación de los espacios y la interacción de las zonas cromáticas. Existe una fuerte presencia del dibujo como elemento estructural, creando imágenes no literales, muy cercanas a Basquiat.  Figuración que puede volverse grotesca, si no se perciben los moldes estéticos que influyen en el  autor.

 

Siento que cierta poesía tensa los márgenes de cada espacio. Se advierte la huella de la particular utilización de los recursos formales, a la hora de estructurar las escenas. Sostiene en la construcción simbólica aquello que Arheim denominaría como la creación de experiencias o anécdotas visuales apoyadas en constructos intelectivos. De amplia gestualidad, combina abstracción y figuración. Precisa de las transparencias  para lograr escenas traslúcidas, que permitan la visualización de la imagen anterior, cual pentimento.

 

En esta serie la mujer funciona como protagonista; pero su belleza, ni traspasa la lógica del individuo y ni se convierte en un ideal pictórico. Lejos de lo que sostiene Tatiana Sardá Yantén sobre el derecho de propiedad de los hombres artistas de la representación femenina en el arte, Alarcón hace un  intento de actualizar este tópico a través de su pintura, como un agasajo. En este sentido la técnica no es sólo el soporte de la obra, sino la armazón conceptual:  las expresiones artísticas a través de las que se involucra el creador.

 

Al articular sus imágenes donde las protagonistas son las mujeres, aboga por la reflexión en torno al tema de lo femenino  y sus determinados roles. En

sus lienzos  se observan  claramente a personajes insertos en la Historia del Arte oficial, no solo por su impronta como artistas, sino por toda la “legitimidad mediática” que han podido generar (Yoko, Frida, Gioconda, Venus..) En sus imágenes no literales obliga al espectador a crear sus  propias formulas, relatos; a valorar cada uno de los fragmentos, como un ejercicio de percepción, reconocimiento y creatividad.

 

Es característico que  dentro de sus representaciones, se disuelva y reconstruya el referente original; se explica con la presencia de los rostros, que pueden ser facilmente identificables por el espectador. Es como un tipo de retrato que transcurre entre cierto naturalismo con pinceladas sumamente atrevidas.  Se apropia de figuras muy conocidas dentro de la mitología,  clásica y contemporánea,  reciclándolas, dando lugar al formato deseado: superposición plástica que funciona como una fragmentación.

 

La obra de Felipe Alarcón es capaz de sobrevivir en la ambivalencia que impone cuestionar y responder. Permite apuntalar hipótesis a través del recurso del signo. Remite a otras fuentes, otras historias. Funciona como un acceso directo a datos extrínsecos a su connotación material. En sus pinturas lo real deja de ser objetivo y natural,  (…) deja de  darse en su propia forma para convertirse en forma “mágica” de su “mundo imaginario” (…) entonces estallan los colores, las formas. Se hacen diversos y ricos, como productos de esa misma “magia” de hacer de lo visto “arte”. (2)

 

                                                            Liannys Lisset Peña Rodríguez

 

 

(2)  Parafraseando a Luis Martínez Pedro. Entrevista realizada por Manuel López Oliva  para compilación  “El arte y los artistas”.

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