Sylvie Fleury

 

Ruptura radical con la interpretación de la realidad.

 

Enfrentarse con una exposición, como la que se exhibe en la Galería Horrach Moya Sadrassana,  que alberga glamurosos zapatos de tacones interminables, setas gigantes de apagados reflejos, presumiblemente alucinógenas, letreros de neón fucsia o una acumulación de bolsas de las más caras tiendas y marcas es complicado.

 

También es tratar de entender a Sylvie Fleury.

 

O, para ser más preciso, a la artista que se llama Sylvie Fleury. No es lo mismo una cosa que otra. Porque para entender a una persona hay que penetrar en sus pensamientos: en su visión del mundo, en sus obsesiones… En cambio, para conocer a un artista hay que penetrar en sus obras y tratar de descifrar y leer, en opinión de la mayoría de los críticos, su lenguaje.

 

Lo que ocurre es que yo estoy convencido de que no existen los lenguajes artísticos, y como éste no es sitio para desarrollar mi planteamiento al respecto, baste con decir que el motivo principal es que todo lenguaje posee una sintaxis razonablemente clara y precisa, que no se encuentra en  la obra de un artista; ni tomada en conjunto ni tomada siquiera en periodos más o menos homogéneos.

 

¿Quiere esto decir que no se puede descifrar, hasta el punto de conocer profundamente, un conjunto de obras de un artista y cada una de ellas en particular? En absoluto. En mi opinión, sí se puede si entendemos que lo que emite ese conjunto es un código de señales y el receptor conoce, en mayor o menor medida, las claves para la interpretación de sus significados. Es decir, que ese código de señales se puede descifrar e interpretar, pero con mayor prudencia que si lo entendiéramos como lenguaje.

 

Armados de esta prudencia hay que acercarse, entonces, a la obra de Sylvie Fleury para descubrir en ella su radical ruptura con el principio de interpretación de la realidad que realiza el arte.

 

Por tanto, no voy a caer en la trampa de analizar si la obra de Fleury muestra intención social; de si recoge y transmite amplificado el consumismo hedonista que respira nuestra sociedad occidental ni si está construyendo un modelo de reinterpretación de la femineidad en lo formal y en lo conceptual.

 

Porque creo que lo que Fleury hace es, nada más y nada menos, señalar con su dedo de artista dotada de gran capacidad analítica de la realidad los elementos que la están configurando axialmente en un momento y en un tiempo dado, momento y tiempo que son aquí y ahora. Señalar y seleccionar, claro.

 

Pasen y vean la exposición de Sylvie Fleury: están contemplando la realidad, acumulada en pocos metros cuadrados. No requiere mayor interpretación.

 

                                                                                                                  Alvaro Sánchez

                                                                                                                        30-8-2014

 

Galería Horrach Moya Sadrassana. Plaça Drassanes, 15. Palma de Mallorca.

Hasta el 7-9-2014.

Detalle de la exposición.

 

Yes To All. 2012.

 

Vista parcial de la exposición.

 

Strange Fire 2012. Video Still 2.

 

 

                                                                                                    Crash Test. 2001-2010.

 

 

Imágenes cortesía de Sylvie Fleury y de la galería Horrach Moya.

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