‘Exitus’, cuarta entrega del ‘Teorema de Maslow’.

O, dicho de otra manera, ’Teorema de Maslow nº 4.0 #Exitus’

 

 

El ’Teorema de Maslow’

 

Un teorema es, por definición de la Real Academia de la Lengua Española, una proposición demostrable lógicamente partiendo de axiomas, postulados o de otras proposiciones ya demostradas. Es decir, que un teorema es una proposición que hasta el momento no es demostrable de otra manera que a través de la demostración de algunas de las partes que convierten a éste en algo hipotéticamente posible.

 

Este ciclo de exposiciones  a las que acompañan los fanzines –el Teorema de Maslow- pretende ser un lugar común en el que a través de los proyectos de varios artistas que presentan verdades a veces parecidas y a veces diferentes conformen una verdad de orden superior.

 

A estos artistas cuya vinculación surge de la colaboración con Maslow Industries les une también su convicción del poder que el arte tiene en la transformación de nuestro entorno próximo, razón por la que se unen al proyecto de manual de resistencia Maslow Exercices. Por eso proponen enunciar un teorema a partir de diversas investigaciones plásticas; utilizando medios, metodologías y recursos materiales diversos, como reto que los artistas se plantean para este proyecto.

 

                                                                         Fermín Díez de Ulzurrun

                                                                                Director General

 

 

El ‘Teorema  de  Maslow nº 4.0 # Exitus’

 

Esta exposición forma parte del itinerario diseñado por el Colectivo abierto de artistas Maslow Industries, a través de todos los estadios de la pirámide del psicólogo estadounidense Abraham Maslow, que se revisita desde una perspectiva crítica.

 

Este proyecto que se muestra en la galería Addaya se basa en el cuarto estadio de la pirámide denominado “Reconocimiento” (autorreconocimiento/confianza/res-peto/éxito) de la que se extrae este último concepto, el éxito, como material de trabajo.

 

Vivimos en una sociedad de winners y loosers, de esa absurda competición de la que los artistas somos unos alumnos aventajados. Podemos decir de manera provocativa, pero a su vez bastante sincera, que el éxito (o al menos el reconocimiento) es la motivación principal que mueve a los artistas a seguir haciendo arte. Existe una voraz competición entre nosotros para alcanzar el objetivo. 26.888 artistas y colectivos están censados en la web más más prestigiosa del sector de los profesionales del arte en España: 26.888 creadores pugnando por una beca, una exposición, una residencia o un visionado de portfolio. Lucha voraz por la supervivencia, por “vivir del arte”, por ese reconocimiento que consigue alimentar el ego y el estómago al mismo tiempo.

 

En toda esta batalla se dan paradojas como la que nos muestra en su texto Elisa Arteta, que debe compaginar el “éxito” de ser la Codirectora de un Centro de Arte Contemporáneo, con el “exitus” de tener que bajar cadáveres a la morgue del hospital, en su trabajo como celadora.

 

Además de cadáveres y artistas, políticos, estrellas del espectáculo y nalgas de comisarios completan el reparto de esta exposición, en la que el concepto de éxito en su acepción más amplia se analiza desde la perspectiva de 13 artistas.

 

Podemos afirmar ya mismo que será una exposición condenada al fracaso, ya que como todo arte crítico que se precie, está inscrita en esa terrible dialéctica en la que cuanto más se integra la obra en el mundo del arte, tanto más desaparece de ella su potencial de impugnación de la que surgió. Por tanto, su única posibilidad de éxito es su decadencia.

 

En todo caso, podemos estar tranquilos. Todos vamos a tener nuestro particular momento de exitus. Sabemos que todos vamos a morir.

 

                                                                               Peio Izcue

 

 

Éxito viene de exitus

 

El año pasado volví a trabajar como celadora en el Complejo Hospitalario de Navarra. Es algo que hacía los veranos mientras estudiaba hará unos 10 años. En junio del 2015 me llamaron para trabajar en un momento en que no tenía ningún proyecto artístico programado así que acepté un contrato de baja que resultó durar 3 meses y que me hizo replantearme mi situación laboral con respecto al arte.

 

En los últimos meses he estado trabajando allí durante los fines de semana y festivos, aún lo hago a pesar de que mi vida ha dado un cambio más que considerable. Ahora, además, soy una de las cuatro directoras del Centro Huarte entre semana. Es algo que no habría imaginado jamás, pero el cúmulo de casuísticas ha hecho que ahora esté allí.  Estaba en el momento apropiado en el lugar apropiado con las ideas apropiadas y con las personas apropiadas, así es que conseguimos ganar el proceso de selección para la dirección del centro. Podría decirse que ha sido todo un éxito, pero al mismo tiempo me doy cuenta de la relatividad de ese éxito, en el hospital apenas dos personas me han hecho saber que se habían enterado de la noticia.

 

Mientras en los círculos artísticos estatales se ha hablado de este tema y hemos aparecido en los medios locales con bastante frecuencia desde junio, en el hospital sigo siendo la celadora a la que todo el mundo le dice lo que tiene que hacer. Y yo, además, disfruto de eso. Permanezco en el anonimato que mi nombre real, Elisa Fernández, me otorga. Elisa Arteta, mi nombre artístico, me ha hecho convertirme en todo aquello que quería ser, artista, feminista (Arteta es mi segundo apellido, que adopté entre otros motivos porque nunca entendí por qué el apellido de mi padre iba delante del de mi madre), bailarina, coreógrafa, ahora codirectora de un centro arte, etc. Todas mis metas definidas a través de una identidad que no es la que aparece en mi DNI. Y sin embargo ahora que he conseguido todo eso, seguir siendo Elisa Fernández me da una libertad que antes buscaba en el arte y en mi pseudónimo.

 

Resulta paradójico, como también resulta paradójico comprobar que cuando tienes el poder de tomar decisiones en realidad no puedes cambiar las cosas de raíz, es muy difícil modificar los modos de hacer, los tiempos, las formas de relacionarse, las metodologías de trabajo, por otros más acordes a los ideales que me han traído hasta aquí. Que no se me malinterprete, me encanta la idea de desarrollar un proyecto de tal envergadura como el del Centro Huarte, pero estoy tomando consciencia de las limitaciones que tiene. Otra vez la idea del éxito relativo.

 

Además, cuando pienso en la palabra “éxito” no puedo desvincularla de otra palabra, “exitus”, que se utiliza en terminología médica para denominar a los cuerpos muertos. Efectivamente, “éxito” viene del vocablo latín “exitus”, salida. En realidad el término que se usa en los hospitales es “exitus letalis”, salida hacia la muerte, pero se abrevia y se dice “exitus”: hay un “exitus” en la habitación 231; tienes que bajar un “exitus”; hoy ha habido 3 “exitus” en la planta. Parece como si se huyera de la palabra muerte, y así, también de la muerte. Pero ahí está, cada día, alrededor nuestra. Y si “exitus letalis” es una salida mortal, el “éxito” es una salida beneficiosa, pero en mi cabeza estos dos términos siempre vienen unidos. Tal vez porque he tenido que trasladar muchos cuerpos ya inertes a la morgue y he llegado a acostumbrarme, o tal vez porque me recuerda que el éxito nunca es absoluto, sino más bien efímero, como nuestros cuerpos y nuestras vidas.

 

Con todo estas ideas dando vueltas por mi cabeza el fin de semana pasado hice una serie de fotos con el móvil durante el trayecto que hice junto a otro celador desde la habitación donde pasó sus últimas horas, días, meses…, el cuerpo de una mujer de mediana edad hasta la cámara frigorífica que está en los sótanos. Algunas fotos están desenfocadas, otras son más nítidas, en algunas aparecen los sótanos decadentes y llenos de tuberías, otras son de las plantas del hospital que parecen un hotel de lujo, una imagen deja entrever el cuerpo tapado en la cama a través del reflejo de la pared del ascensor, otra expone los dos timbres que hay a la entrada de la morgue en los que dice “TANATORIO” y “FORENSE” con un cartel hecho a mano encima que dice “EXITUS Y AMPUTACIONES”, hay tres más que muestran la cámara por dentro en la que hay un contenedor con el rótulo “Amputaciones” y varias camillas metálicas, solo una ocupada con el cuerpo que bajamos, y también hay una con la habitación vacía, sin cama ni paciente. Pero estas imágenes no pueden hacerse públicas, son normas del hospital que no voy a incumplir, supongo que en el momento en que estás en el ojo de mira estas rupturas de protocolos cuestan mucho más. Aunque lo más probable es que esas imágenes no habrían tenido repercusión alguna fuera de esta sala de exposiciones, ya sabemos que el éxito del arte contemporáneo también es relativo.

 

                                                                                Elisa Arteta

 

 

Teorema  de  Maslow nº 4.0 # Exitus

 

Levi Orta, Juan Aizpitarte, Oier Gil, Ro Caminal, Peio Izcue, Anónimo I, Miguel Ayesa, Andrés Vial, Fermín Díez de Ulzurrun, Elisa Arteta, David G.Torres, Lana

 

Addaya Centre d’Art Contemporani

Alexandre Rosselló, 10. Alaró, Mallorca, Islas Baleares

 

Hasta el 10-12-2016

 

 

Imágenes:

 

‘Exitus’

Elisa Arteta. ‘Éxito viene de exitus’

Juan Azpitarte. ‘La imagen al poder’

Levi Orta Mendoza. ‘La estrella a seguir’

Anónimo I. S/t

Lana. ‘Raquetas’

Oier Gil & Abel Jiménez Rivas.

Roser Caminal. ‘Global happyness’

Miguel Ayesa Usechi. Sin título

David G. Torres. ‘No future’

 

 

Texto e imágenes cortesía de los artistas y comisario.

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