Venancio Sánchez Marín (1921-1995) y la crítica de arte.

Crónica de Madrid

Goya. Revista de arte. Nº 34, enero-febrero de 1960.

 

Crónica de Madrid por Venancio Sánchez Marín.

CERTAMENES ARTISTICOS: EL PREMIO BIOSCA
 
La temporada artística madrileña, que este año viene deslizándose con cierta sosería, sin apenas exposiciones notorias o rodeadas de ambiente de ese ambiente de expectación que tan bien sienta al arte de nuestro tiempo, ha tenido hasta ahora como suceso sobresaliente el concurso convocado por Galerías Biosca para premiar con 50.000 pesetas la obra de un pintor  cuya edad no rebase los cuarenta y cinco años. Las bases requerían también que el cuadro no hubiera sido expuesto nunca y tuviera una medida indicada previamente.
 
Ha caído bien este concurso entre los artistas españoles, especialmente los más jóvenes, los cuales han comparecido casi en tropel, con muchas ilusiones, pero pocas novedades. El jurado, integrado por los señores Daniel Vázquez Díaz, Fernando Chueca Goitia, Juan Cortés, Juan Antonio Gaya Nuño, Santiago Arbós, Ramón Faraldo y José María Moreno Galván, eligió, entre las muchas obras presentadas, cincuenta y un cuadros  finalistas, con los que se ha formado una exposición interesante y variada, en la que andaban revueltas muchas tendencias de última hora y, sin embargo, no se producía ningún efecto chocante o estrepitoso.
 
Puede ser que  tengamos los ojos y la sensibilidad más que acostumbrados  a la coexistencia pacífica de abstractos y figurativos.
 
Más posible todavía es que,  cuando los cuadros alcanzan suficiente dignidad plástica, todo viene a resultarnos uno y lo mismo: pintura. Lo cierto es que el cronista  se encuentra a gusto en exposiciones como  ésta, en que no se han hecho discriminaciones apasionadas y en que, probablemente, no se excluyó a nadie, como no fuera por razones de calidad.
 
Tienen siempre marcado interés estas exposiciones, por ser las únicas colectivas que nos dan la medida más aproximada a la dimensión real del arte joven español, considerado en su conjunto y no sólo a través de individualidades más o menos famosas y encasilladas. Recientemente, sobre todo  de cara al  exterior, se están quedando oscurecidas amplias zonas de arte figurativo español más moderno, en beneficio de las que ocupan los artistas informalistas, los cuales brillan y bullen mucho con sus merecidos triunfos en el extranjero .Los nombres de nuestros mejores abstractos suenan en todas partes y se los airea como  muestras destacadas del  actual momento artístico de España. Esto puede resultar conveniente desde algún punto de vista, pero no es justo desde ninguno. La mayoría –y posiblemente los mejores- de nuestros pintores jóvenes se han aproximado a las vecindades  de la abstracción, pero no han traspasado los límites figurativos. Y hay síntomas entre ellos de retroceso ante la   amenaza de aniquilamiento y balbuceo que arrastran siempre las expresiones  puramente abstractas. Lo justo es considerar, por tanto, sus aportaciones como más representativas de nuestro arte actual, y señalarlo así  en todas partes,  tanto en Madrid como en cualquier lejana bienal.
 

 

Zacarías González.

Luis García-Ochoa.

Si  esta exposición formada en torno al premio Biosca es un claro exponente de cómo anda la pintura joven en España—y el cronista cree  que sí lo es-, lo primero que se advierte es que los abstractos están en minoría. De  los cincuenta y un pintores finalistas, los abstractos  no llegan a la docena. Entre ellos  figuran con estimables  cuadros Cárdenas, Rueda, Ontiveros, y Nadia Werba, Luis Sáez, en la línea del expresionismo abstracto, presenta uno de los lienzos mejor logrados del certamen. Otro abstracto, José Morales, es autor del cuadro conseguido con intervención de las materias más extrañas: restos de latas oxidadas y soldadas en las que pega algunas piedras de bisutería.
 
A pesar de hallarse en minoría, ha sido precisamente un abstracto quien ha conseguido el codiciado galardón. Ha sido el premiado Zacarías González, pintor residente en Salamanca, al que desconocíamos incluso de nombre. Su obra es una especie de bodegón informalista, que recuerda algo a Braque, en el que conjuga muy bien elementos circulares y planos rectangulares, con una pasta muy noble y colorido vibrante y limpio.
 
Entre los más destacados figurativos encontramos a Menchu Gal, con un buen paisaje logrado con simplificación de planos extensos. Se orienta la actual forma de esta pintora hacia las soluciones ingenuistas, pero alcanza efectos diferentes  de los consabidos al planteárselas de manera nueva, con espíritu amplio y no minucioso. Antonio Guijarro es otro de los destacados, con un bodegón de los de su última fase, de términos irradiantes que parecen introducirse los unos en los otros, produciendo una especie de trepidación luminosa. Otros artistas que han concursado con cuadros son: Cristino de Vera, cuyo ascetismo de rígida estameña ha sido llevado a un despiadado límite, carente de esa ternura que suele aparecer en su obra como un punto de contrición; Alfonso Fraile, cuyo bodegón acumula peces, jaula con pájaros, frutas y jarros con aliento algo más cálido que en sus cuadros anteriores, aunque continúe pareciéndonos cerebral a fuerza de moderación y finura cromáticas;  Alvaro Delgado, con una delicada figura de muchacha, pintada con algo de encaje antiguo y moderno y poético concepto. En oposición  a la delicadeza dibujística  del anterior, está la figura grande, ancha, achatada, con el brazo en cabestrillo, pintada en obstinados manchones sepias por Angel Medina. Y, sin embargo, también posee  este cuadro gran sugestión poética, aunque diferente. La que si resulta afín con la delicadeza de Alvaro Delgado es la de Ricardo Macarrón, igualmente autor  de otra figura de muchacha, sobria de color e impregnada de sencilla  poesía. En esta somera relación de artistas figurativos cuyas obras nos han parecido  más destacables hay que incluir también  la buena  factura de las casas y soportales  de pueblo de Agustín Redondela; el cuadro jugoso, en verdes tiernos, de María Antonia Dans; el expresionismo a lo Mignoni, con técnica de sólido empaste y línea fuerte, de Ramón de Vargas, el cuadro mítico, grecolatino-cabeza coronada de laurel- y cercano de Miró en los fondos, de Dimitri Perdikidis. Dos pintoras han ocupado en esta exposición las posiciones más avanzadas dentro de las corrientes artísticas del figurativismo  actual: una de ellas Begoña Izquierdo, con un cuadro de viajeros con maletas, cala hondamente en la pintura “social”, y la otra, Carmen Arozena, se precipita en un expresionismo de grandes manos y pies que clama  con sincera angustia. Hemos dejado para terminar la mención especial de Luis García Ochoa, cuya obra ha obtenido un accésit de 25.000 pesetas. Su cuadro de playa y bañistas, en contraluz violento, es de un fauvismo muy administrado en los cielos verdes y en el mar y las sombras de un azul casi negro.

Fernando Somoza.

Nellina Pistolesi.

… Y EL  PREMIO ALCANTARA
 
No ha tenido este premio, en su segunda  edición, ni sombra del éxito alcanzado el año pasado, cuando fue convocado por primera vez. Limitado a artistas que no tengan más de treinta y cinco años, este premio, como el Biosca, hubiera podido servir para permitirnos valorar justamente nuestra  pintura más joven. Pero al  concurrir a él sólo unos pocos de los pintores  interesantes  del momento ha caído este año en un bache de vulgaridad del que será difícil  sacarle. La exposición de las obras tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes, cubriéndose las paredes del salón grande y de la pequeña sala Minerva de cuadros en su mayoría  anodinos. Las escasas esculturas presentadas respondían al tono general. Sólo una media docena  de pintoras--¿quedará este premio para refugio del arte femenino?--  y tres  o cuatro pintores han comparecido con obras ambiciosas, aunque no todas logradas. Ejemplo de propósito ambicioso no correspondido luego con la realización ha sido el cuadro de la admirable pintora manchega Gloria Merino, demasiado duro y acartonado y sin eludir ni poco ni mucho las evidentes influencias de Zabaleta. Otro ejemplo semejante ha sido el de Zarco, joven pintor al que reconocemos su gran valía, pero que aquí  ha estado desafortunado en el gigantismo de la figura de su cuadro más importante. Con mejor tino y equilibrio Pepi  Sánchez  presentó dos lienzos atractivos y bellos. Es esta artista sevillana la única que ha sabido actualizar el halo de gracia religiosa que poseen las obras de Murillo. Trinidad Fernández exponía un excelente paisaje de tierras dilatadas en franjas sucesivas verdes invernales. Enrique Gran, otro buen paisaje rojizo, llevado a la  abstracción y pintado con magnífica  técnica. La aportación más notable la ha constituido, a nuestro juicio, los dos extraordinarios  cuadros de Fernando Somoza. Es este joven pintor figurativo, que actualmente se enfrenta con ambiciones más amplias, el que ha acertado a conjuntar un mundo más extenso y completo entre la solidez rectangular de las paredes de sus casas de vecindad. Es su cuadro de vendedoras en un mercado -figuras de mujeres de un expresionismo  macizo, románico- existe una honda preocupación religiosa que encuentra en el claro simbolismo de unas cajas de peces y panes la repetición cotidiana del milagro. El premio fue finalmente otorgado a la pintora  Nelina Pistolesi, discípula de Vázquez  Díaz, por un cuadro en gris en que recuerda los tonos más esfumantes del maestro. 

 

Francisco Domingo Marqués.

Olga Sacharoff.

LA PINTURA LIMPIA DE OLGA SACHAROFF

 

Hay una manera de ver las cosas que las deja torcidas  y sucias para siempre. De miradas de esta índole está empedrado el infierno del arte contemporáneo. Pero tienen tanta fuerza expresiva estas miradas que se nos olvida  su origen exasperado y malévolo. Y, después de su tránsito por el arte, las cosas que han mirado acaban por parecernos de una inexpresividad  aburrida e hipócrita si no  mantienen el ritmo creciente  de sus distorsiones. Tiene que llegar alguien con los ojos limpios, con el alma ingenua, con la sensibilidad capaz de vibrar y conmoverse por lo vulgar -lo normal-,  con la facultad de edificar ideales incluso sobre lugares comunes, para que de golpe se restablezca la visión serena y quede centrado el equilibrio de los ojos. La exposición antológica de Olga Sacharoff, presentada en la  sala de  la Dirección  General de Bellas Artes, contribuye como pocas  a la recuperación de esa serena visión perdida. Olga Sarachoff nació en Tiflis (Cáucaso) hace ya ochenta años y ha residido  en Barcelona desde  1915, alternando con temporadas en París. Su antológica comprende unos sesenta cuadros fechados entre  1912 y 1959. Puede decirse que ha visto muchas cosas y ha conocido qué significado se le viene dando a la pintura moderna, a la que ella queda totalmente adscrita. Mas la diferencia  se encuentra en que la mirada de Olga Sarachoff  puede compararse a esas aguas transparentes que corren permitiendo ver sin deformaciones todos los accidentes del fondo, no a causa de su tranquilidad, sino en virtud  de su limpieza. Es tan limpia,  tan clara la intención  de sus cuadros que se le entiende todo. De un lado sus influencias: Rouseau -principalmente-, Sunyer y Modigliani y -más distante- Renoir; de otro, su circunstancia  humana, su autobiografía. Su amor por  las cosas próximas y reales, a las  que impregna de idealismo, está limpiamente expresado en sus lienzos de flores, pájaros y peces, así como en sus paisajes, en los que el ideal ya es ensueño. Pero se hace más evidente en la grata ingenuidad de sus composiciones catalanistas, de ambiente provinciano, donde las gentes sencillas, endomingadas, pasean bajo los árboles urbanos o bailan cogidas de las manos en los círculos de la sardana.

 

 

LA PEQUEÑA GRAN OBRA DE DOMINGO MARQUES

 

En la galería Mayer se ha realizado la exhibición de un número considerable de pequeñas obras de un gran pintor. Muchos pocos forman un mucho. Forman en este caso una muestra asombrosa de las increíbles facultades de improvisación y toque de pincel de aquel precursor del impresionismo que fue Francisco Domingo Marqués. Vivió Domingo Marqués la segunda mitad del siglo pasado y las dos primeras décadas del actual. De él dice Eduardo Llosent  y Marañón que fue “el pintor más dotado e interesante de España entre los románticos y el naciente impresionismo” y que “lo mismo puede ser clasificado como un romántico tardío que como un impresionista precoz. Su intuición y su genio hacen posible en su obra esta ambivalencia estética”. Al cronista se le resisten las clasificaciones ceñidas, pero estima que el peso de la obra de este gran pintor no estuvo nunca de verdad del lado romántico. El romanticismo era un fantasma que se aviene mal con el intrépido realismo, con la vitalidad  de las escenas descritas por el pincel de Domingo Marqués, demasiado gozoso de la luz y poco afecto a las descripciones  morosas y grandilocuentes. A Domingo Marqués le importó un bledo el tópico de su época; ni le preocupó  la temática historicista ni se obligó a realizar obras de extenuantes dimensiones. Le agradó más  permanecer en un presente instantáneo  y fugaz, captando el gesto efímero con cierta burla, más a veces también con arrobo ante la gracia del movimiento o la expresión que nunca volverán a repetirse. Buena muestra del mundo que atraía su interés son estos numerosos cuadros -acuarelas, guaches y dibujos-  que ahora se han mostrado. Son bocetos, apuntes, obra menor de esa índole que el artista realiza para su  solaz, y, sin embargo, muchos de ellos, como ocurre, en las obras de Fortuny -otro amante de los pequeños cuadros-, son acabados prodigios de valentía y precisión en la pincelada. Ampliados a un tamaño normal nos darían mejor la clave de su filiación impresionista, que ya portaba Domingo Marqués como un germen vivo cuando  se estableció en París y conoció y trató a los que habían de ser los grandes maestros del género.

 

 

HOMENAJE A FRA ANGELICO

 

En torno a La Madonna de la granada, aportada especialmente por la Casa de Alba, el movimiento de Arte Sacro y la Galería Darro han organizado una interesante exposición de arte moderno religioso en homenaje a Fra Angélico. Cristaliza en esta muestra nuevamente la inquietud de los artistas por adaptar la problemática de las formas actuales a la expresión religiosa. Ya se han realizado en Madrid varias exposiciones con igual propósito, a las que aportaron obras parecidas la mayoría de los artistas que a ésta concurren. Recordamos las realizadas en el Instituto de Cultura Hispánica y en la sala del Ateneo, que llamaron poderosamente la atención sobre el problema. Este es, sin duda, el más importante que se les plantea a los artistas de todo el mundo y especialmente a los españoles. Se comprende que el arte religioso no puede quedarse al margen de la evolución de las demás expresiones artísticas. Y se comprende también la necesidad de que se realice la revisión de tanta imaginería barata de pastaflora y medallita formularia. Pero la imaginería clásica española tiene un apoyo popular que no cede a las nuevas tendencias. En tanto el nuevo arte sacro encuentre su adecuación definitiva a la devoción del pueblo, que es quien decidirá finalmente en ésta como en tantas otras cuestiones, está bien esforzarse en la búsqueda y presentar exposiciones como la reunida en torno al bello cuadro de Fra Angélico. Hay en las obras de los artistas que han concurrido, cuyos nombres silenciamos para que el homenaje al más grande de los pintores sagrados de todos los tiempos no se distraiga, dignidad artística suficiente, y buena voluntad de servicio a la liturgia y a la fe, para que sigamos sus intenciones con atención y esperanza.

Maurice-Henry D'Anty.

Antonio Failde.

ANTONIO FAILDE
 
Un gran conjunto de esculturas y numerosos dibujos de Antonio Failde han sido expuestos en la sala de la Dirección General de Bellas Artes con singular éxito. Nacido en Orense, hace cincuenta y tres años, Antonio Failde ha tallado la piedra desde su niñez y ha sido cantero en su mocedad. Ahora  es  un escultor   rotundo y lleno  de interés. Entenderse a duros golpes   con la piedra es, pues,  el destino elegido por Failde, quien, como buen gallego, gallego de pueblo, lleva el románico metido  en el alma y lo sostiene como una cruz cuya  pesadumbre le hiciera dichoso. Las obras presentadas significan seis años de trabajo esforzado, de un combate tenaz con la materia para arrancarle chispas y volúmenes expresivos. Failde no suaviza la piedra, la deja áspera al tacto y los ojos, apenas desbastada, y,  sin embargo, el modelado es casi siempre dulce, aun cuando surja de la herida ciega de la herramienta. Porque el signo más visible en su escultura es la ausencia de aristas. No ya sólo en la superficie de sus obras, sino en el espíritu. En este aspecto pierden algo del bárbaro misterio que tuvo el románico para ganar  mucho en la sensibilidad y gracia moderna  de  la recreación. La materia empleada con preferencia por este artista es la piedra gris o rosa de Orense. De ella hace nacer bloques estrechamente agrupados de figuras, siendo los más logrados los que componen ritmos circulares.
 
 
CERÁMICAS DE DURÁN-LORIGA Y MARTITEGUI
 
 Los arquitectos Miguel  Durán-Lóriga y Jesús Martitegui  llevan años  dotando a la cerámica artística de imaginación, ingenua travesura y raíz popular. La cerámica, como Picasso ha demostrado, tiene enormes posibilidades cuando se realiza con despreocupación de pureza, cuando ni se espera ni se desea que las pastas y los óxidos metálicos se conviertan, por acción del fuego, en piezas de fría perfección. Lloréns Artigas y Cumella, para citar ejemplos próximos, pueden continuar maravillándonos con la pureza de sus sabias calidades, pero será Picasso quien, apoyándose en su genio decorativo, nos entusiasme con la sorpresa del resultado. Las cerámicas expuestas en la sala Neblí por Durán-Lóriga  y  Martitegui están más cerca de la alegría imaginativa que de la pureza. Por eso tienen cierto aire de familia con los barros populares de Cuenca y Mallorca y por eso se aventuran tanto en las formas, en el colorido de los esmaltes y en las calidades. Piezas ejemplares de su concepto cerámico son las figurillas de Reyes Magos, caballos y Vírgenes y, en general, la gracia arcaica de sus estatuillas. No obstante, sus obras de mayor importancia y originalidad, vinculadas a la idea de colaboración con la arquitectura-no en vano ambos ceramistas son arquitectos-, consisten en unas bellas  interpretaciones del mosaico cerámico.

 

DIMITRI PERDIKIDIS


A este pintor griego, tan largamente avecindado  en España que ya nos es grato contar con él como nuestro, le hemos visto evolucionar desde un tenebrismo de aliento desesperanzado, que culminó  en su exposición de la sala de la Dirección  General de Bellas Artes, hace ya varios años, a su actual pintura de gamas más claras y consumada habilidad en el dominio de la luz. Aunque comprendemos que es ahora, en su reciente exposición en la  sala Neblí, cuando Dimitri Perdikidis se siente más seguro e incorpora a su arte todos los rastros helénicos y mediterráneos que nunca prescribieron en su temperamento, echamos de menos el nervio trágico de aquellos anteriores cuadros. Mucho  más sabia, aunque no tan profunda, su pintura actual tiene reminiscencias de grandes y rotos mosaicos de un bizantinismo conceptual. La sugestión del mosaico nos llega, no por las calidades, sino por una especie de cuadrícula  que enriquece su pintura. Las figuraciones parecen romper la superficie del lienzo para, por ella, escapar o acercarse. Composiciones con un caballo al fondo o bodegones de objetos heterogéneos que no llegan a conocerse, pero que se adivinan o presienten, se pierden por  transparencias o se insertan  en espacios de color. Todo ello entre un cúmulo de estrellas de barro, círculos de lienzo, óvalos violetas  y cuadros insertados en cuadros. Tiene la actual   pintura de Perdikidis  un gran encanto que va desde una moderna recreación de elementos grecolatinos a las apariencias astrales del ingenuismo  de Miró.
 
 
D’ANTY
 
El pintor francés D’Anty ha  expuesto en la sala Neblí catorce cuadros de temática  distribuida en dos grupos: el paisaje y las escenas circenses. Pese  a la diferencia de los temas, el conjunto presentaba un sólido aspecto unitario. Posee D’Anty una paleta brillante que no experimenta timidez ante el color. Si la línea negra de su dibujo tiene un vigor expresionista, el despliegue audaz del colorido le denota heredero del impresionismo. Este dualismo formal, también como su dualismo temático, se integra  en la unidad de una pintura que, a primera vista, pudiera parecer más brillante que profunda, pero que, a poco se  considere, nos va ganando con un sentimiento amargo, con una tristeza humana que en algunos paisajes llega a sentirse desoladora. En el pacto establecido  entre los tonos altos en la pintura de D’Anty y la emoción entristecida que despiertan reside el atractivo de sus cuadros. Sus escenas de circo están animadas por la fantasía  propia del tema, que puede manifestarse en caballos tan rojos como el fuego. Sus payasos tienen dinamismo y vitalidad. Sus paisajes muestran preferencia por rincones campesinos, vistos con cierta sencillez  expresionista, patente en el esquema simple de  las casucas rústicas y en la desnudez de los árboles invernales.

 

Dimitri Perdikidis.

 

UNA PINTORA MALAGUEÑA Y UN PINTOR ALEMÁN

 

La pintora malagueña es Marina Barbado y el artista alemán es Estefan von Reis Reiswitz. Ambos han  expuesto sus obras  conjuntamente en la sala Minerva. Marina Barbado tiene la personalidad aún haciéndose, pero haciéndose sin trabas ni sometimientos, con un lenguaje plástico que ella se inventa y que se percibe contradictorio y siempre apasionado. En los diecisiete cuadros expuestos se sigue la andadura de la pintora a través de cuatro años de búsquedas  y hallazgos que no han culminado todavía. Nos interesa de ella,  sobre todo, esa línea  seguida  en el Retrato de doña Modesta, que capta el gesto con malicia y descaro goyescos.

 

De Estefan, nacido en  la Alta  Baviera y  residente  en España desde los nueve años, nos parecen más interesantes aquellas obras -acuarelas o monotipias- que se orientan hacia el abstractismo.  Las manchas se  disuelven en ellas como el humo que sube apoyándose en la atmósfera. Ofrecen un campo de experiencias pictóricas digno de ser profundizado y extendido más allá de sus obras actuales, en las que el procedimiento, impuesto por la materialidad fluida de la acuarela, no alcanza el desarrollo que ha de ambicionar toda gran pintura.

 

 

SEBASTIAN SHU PAO-LIN

 

La exposición de treinta obras del pintor chino Sebastián Shu Pao-Lin, verificada en la sala Macarrón, ha venido, en cierto modo, a quitarle la razón a Kipling, al menos en cuanto al arte se refiere. El Este y el Oeste se han encontrado en los cuadros de este pintor, y, además,  se han comprendido y respetado mutuamente sus peculiaridades. Procedente de la China nacionalista y cristiano, como su nombre indica, este pintor, que debe llevar algún tiempo en Espoaña, ha sabido captar nuestros paisajes urbanos y campesinos, especialmente los de las plazas y parques de Madrid, con fidelidad especial. Y, sin embargo, ha querido envolverlos en una neblina gris, que no parece reserva o desconocimiento, sino discreta timidez. Sus colores son suaves, lejanos, pero plazuelas y edificios están vistos con entrañable aire popular. Se comprende que el secreto de nuestro paisaje se le ha revelado totalmente, pero él teme traicionar su última confidencia. Este intercambio de delicadezas entre la intimidad del paisaje y la timidez del pintor es uno de los encantos mayores de su pintura. Otro es el conseguido en sus suaves retratos y autorretratos, sin pasta apenas, donde el carácter oriental se revela en las actitudes de los modelos, naturalmente ceremoniosas, y en la elección fina y cuidadosa del colorido.

 

Estefan von Reis Reiswitz.

Sebastián Shu Pao-Lin.

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