Inauguración mañana miércoles 19 horas

 

Bienvenida, primavera

 

Alfredo Londaibere

 

 

Galería Nora Fisch

Avda. Córdoba 5222. Buenos Aires, Argentina

 

Este cover de la exposición ‘Bienvenida primavera’ que hoy presentamos en la galería Nora Fisch está dedicado a la obra de Alfredo Londaibere, y es la primera exhibición que se realiza luego de su muerte, en abril de 2017. La cita a la muestra del Centro Cultural Ricardo Rojas que se presentó en septiembre de 1991 es un poco caprichosa, y no tanto, no solo porque Alfredo participó en aquella oportunidad, sino porque luego fue el heredero de la gestión de Jorge Gumier Maier como curador de la galería del Rojas, cargo que ocupó entre 1997 y 2002.

 

‘Bienvenida primavera’ fue la primera exposición colectiva que realizó Gumier con la colaboración de Magdalena Jitrik, y tuvo un propósito “ecuménico”: lograr entrelazar diferentes generaciones de artistas y poéticas en un tiempo que sería bisagra para el arte argentino. Poco después, la discursividad de la época forjaría una serie de adjetivaciones a través de las cuales se identificó a un grupo de artistas ligados a la galería del Rojas. Arte light, rosa, marica, fueron algunos de los términos que aparecieron en los textos críticos del momento, pero ésta ya es historia conocida.

‘Bienvenida primavera’ fue la primera aparición pública como artista de Omar Schiliro. La noticia de saberse infectado por el VIH precipitó su vocación de artista, que se extinguió con su vida tempranamente, en 1994. Magdalena Jitrik me confesó hace un tiempo que para ella todo esto que luego conocimos como el “modelo curatorial doméstico” de Gumier, y otras excentricidades conceptuales semejantes, se trataba de algo mucho más vital: una historia de  amor, la de Gumier y Omar, y el deseo de construir un contexto para que su obra pudiera brillar. La curaduría como una historia de folletín; cuánto más lindo si lo pensamos así.

 

Esta muestra en la galería Nora Fisch es heredera directa de esa trama afectiva y tiene algo de homenaje, pero mucho más de celebración, de vitalismo, de exaltación de las estridencias del color y de la forma, y, naturalmente, de final de fiesta. Porque muchas de las obras más notables de Alfredo Londaibere tienen cifrada en su interior una belleza que es sensual y ligera y, al mismo tiempo, agónica y trágica, como las latas aplastadas en el piso del salón y el pegote del confeti y la brillantina cuando perdieron su encanto.

 

Quizás ésta sea una de las claves visuales de los 90: una mezcla de brillo opaco, aplastado y deforme como la banda de alpaca que reviste algunas de sus pinturas, que transforma esas obras en exvotos degradados. Una belleza que resiste obstinadamente su desvanecimiento y que se re-inventa cíclicamente, como la primavera.

 

                                                                                                                                                                     Jimena Ferreiro

 

 

Texto e imágenes cortesía de galería Nora Fisch

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