Estas pinturas, estos papeles de estos últimos años son tan sólo el rastro del obstinado transcurrir de los días. Son lo queda después de haber pasado un tiempo a la intemperie, mirando al cielo, interpretando sus signos, tan sólo restos empapados de bruma y melancolía. Puede que sean algo así como fragmentos de paisajes apenas vislumbrados, o quizás solamente soñados. O puede que sólo sean imágenes aparecidas desde la nada, como fantasmas materializados. Pinturas cubiertas de niebla e incertidumbre, sin objetivo, sin meta, sin final. Sólo proceso y camino, accidente y acierto, acción y corrección. A veces los cuadros son olas que aparecen en series: “acabamientos”, como enigmáticos mapas que conducen al precipicio; “canciones dispersas”, partituras no escritas que contaminan el aire; “desgarraduras”, pequeños abismos en blanco y negro, como homenaje al vacío poético del maestro Emil Cioran. Pinturas que nacen del solo acto de pintar; materia y superficie, objetos de significado existencial, donde la representación se pierde en un rumbo aún desconocido. Obras solas, afirmando su esencia en el mar sin fondo de la nada.

 

                                                                     Diego Vasallo

 

 

Cuando recibí la invitación de Diego Vasallo a ver sus obras más recientes en el estudio, y elaborar con mis impresiones, el contenido de este texto para su exposición “Signos, paisajes, accidentes” sabía —y así se lo dije— que este, sería el testimonio de un pintor acercándose a otro pintor. Más que un análisis aséptico de su obra, sería una incursión libre a su universo plástico, para que quien leyera este texto, tuviera una vía de acceso a su pintura —parcial, eso sí—, y que, de esta mirada libre, pudieran avivarse múltiples formas de acercarse a su trabajo; tantas como espectadores quisieran hacerlo.

 

Lo primero que puedo decir de las pinturas de Diego es que no sólo están en las telas. Estas, entran y salen de los márgenes del lienzo. Es algo que comprendes en una primera visión panorámica de su taller. A veces, están dentro de dichas cotas, en apariencia apacibles, como domadas. Otras, cruzan la frontera, y se encaraman a las paredes del estudio o la mesa de trabajo, o reptan por el suelo, como si tuvieran voluntad propia. Como si se

negaran a vivir en el redil rectangular del bastidor o de la hoja de papel. Probablemente, como ocurre en el caso de muchos otros artistas, la obra de Vasallo se entiende plenamente dentro de su estudio, en la forma que tienen de interactuar los elementos entre sí. Tal vez es la manera de que dispone, como creador, de hablarnos de su actitud inquieta, curiosa, disconforme con la peligrosa zona de confort que puede paralizar y acabar derrotando a un artista. Su obra —así lo entiendo— también son las paredes con chorretones, los cuencos para mezclar pigmento, las zapatillas con capas de pintura reseca, la montaña de pelotas de papel, las viejas fotografías sobre la mesa, las brochas, las esponjas, el cúter, la silla giratoria. Todo es pieza narrativa, y expresiva, en la obra de Vasallo. Y esto es lo realmente fascinante: que sean tan interesantes los aledaños del cuadro como el recinto donde el cuadro es cuadro. Estos son los otros márgenes. Que a diferencia de lo que exige la geometría del bastidor o las medidas estándar del papel, son márgenes fluidos, no acotables y, por tanto, absolutamente fértiles y libres. Son, de algún modo, un retrato acertado de la personalidad inquieta de su propietario. Una defensa de que, lo que ocurre en las afueras es, en ocasiones, lo que da sentido a lo ocurre en el interior de la obra.

 

                                                                         Jesús María Cormán

 

 

Diego Vasallo, nacido en San Sebastián en 1966, despliega su obra paralelamente en dos salas de exposiciones donostiarras. Músico, poeta, pintor..., Vasallo muestra su producción más reciente de obras bajo el título ‘Signos, paisajes, accidentes’, distribuyéndolas entre el Koldo Mitxelena (con inauguración el miércoles, 23 enero, a las 19.30 horas y exposición del 23 de enero al 2 marzo de 2019) y arteko galería (con inauguración el viernes, día 25 de enero a las 19.30 horas y exposición del 25 enero al 23 de marzo de 2019).

 

Ambos espacios presentan una amplia serie de pinturas y dibujos de mediano, pequeño y gran formato de estos últimos años, en palabras de su autor -pinturas y papeles rastro del obstinado transcurrir de los días. Pinturas cubiertas de niebla e incertidumbre, sin objetivo, sin meta, sin final. Sólo proceso y camino, accidente y acierto, acción y corrección. (Texto e imágenes cortesía de arteko galería)

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