Inauguración mañana martes 20 horas

 

Amor y memoria. Metáforas del pasado

 

Marisa González

 

 

Freijo Gallery

Zurbano, 46. Madrid

 

Hasta el 3-8-2019

 

 

El rastro de lo perecedero

 

Entre la presencia y su huella, la obra de Marisa González parece situarse «dentro y fuera de la vida». Pionera en el uso de las nuevas tecnologías en el arte, la artista mira la realidad desde la distancia que le proporcionan las lentes, el ordenador y los artilugios científicos, sin perder nunca el pulso a la emotividad. Marisa atrapa lo perecedero con aparatos y recursos de captura que también están expuestos a la caducidad y a la rueda de los cambios.

 

Esta idea es clave para leer toda su práctica, pues mientras la mayoría del arte que se produce persigue sin éxito parecer eterno y se esmera en elegir materiales «atemporales» para disimular su deterioro, Marisa González no duda en usar las sustancias y las tecnologías de cada época para hacer patente el proceso de mutación como parte de su poética.

 

De ahí que se sienta orgullosa de sus piezas en primitivas fotocopias Thermofax y valore el misterio y la belleza de los primeros equipos informáticos que hoy son arqueología de nuestra memoria.

 

Arqueología cotidiana

 

Sus proyectos nacen de una observación plural del contexto que le rodea: sean las problemáticas medioambientales y políticas, o la denuncia de las injusticias sufridas por las mujeres u otros colectivos desfavorecidos.

 

Con frecuencia, en la primera fase, Marisa se implica en un trabajo de campo vivencial basado en una acción repetida. Por ejemplo, la continuada recogida de residuos artificiales en la playa, la exposición de frutos y semillas al proceso de putrefacción o la metódica toma de fotografías de diferentes visitantes a su estudio durante años.

 

Sentir la espesura del tiempo es fundamental en su obra, entrelazándose la memoria personal y la colectiva. En Matadero express (2003) logró captar los últimos momentos vitales del antiguo matadero de Madrid antes de que cambiara su uso a funciones culturales. En la nave alta de secado, la autora compuso unas imágenes inolvidables de presencia femenina fantasmal en diálogo con la dolorosa historia del espacio.

 

Esas acciones pulsionales, para no «perder el ahora», y en ocasiones durante un viaje, terminan configurando un conjunto de imágenes de partida, que se unen a un archivo de objetos, de libros, de residuos, de artilugios antiguos, a un archivo de conversaciones que va acumulando en su célebre estudio madrileño de la calle Argensola, convertido en un punto de encuentro de gente de la cultura, siempre abierto a acoger a las distintas generaciones de artistas.

 

Marisa «abraza la vida», y aquí hago una cita consciente del libro de Vandana Shiva 1 , un clásico del ecofeminismo. Animo a hacer lecturas del trabajo de Marisa González desde esta perspectiva.

 

‘Amor y memoria / Metáforas del pasado’

 

Afectos y arqueología conviven en la obra de Marisa González. Por eso ‘Amor y memoria. Metáforas del pasado’, el título de esta muestra, resume bien la selección de obras, que lejos de abarcar toda su práctica, actúan como pulsadores de algunos de sus temas clave.

 

Un impulso pasional, un deseo, arranca la motivación. Un impulso que en principio puede ser un gesto, un hábito, mueve su maquinaria. Para afirmarlo, basta con observar las montañas de frutos deshidratados dispuestos en su estudio y su colección de restos minúsculos de muñecos recogidos en la playa. Lo micro y lo macro. De ahí la pertinencia de la elección del vídeo ‘Poema de amor. Pasión hermafrodita’ (2010) en esta exposición; en el que dos caracoles hacen el amor bajo la mirada humorística y zen de la artista que, desde la cruda sencillez, asiste al extraordinario espectáculo de la vida.

 

Desde ese tono desnudo y lúcido, Marisa fabrica un archivo del que elegirá formas finales mediante un laborioso proceso de pulido y toma de decisiones. A ese «enfriamiento» de la pulsión le ayudan las tecnologías que utiliza, siempre del tiempo de la obra, para impregnar las piezas de contemporaneidad y de un acabado muy personal en el que, junto al tono geométrico, predominan las siluetas y las sombras. En este sentido se trata de piezas en las que el discurrir del tiempo se graba en la obra y ella misma se convierte en residuo temporal de un instante. Un buen ejemplo sería la ya histórica serie de retratos a compañeros de viaje del mundo del arte, realizados con el sistema de foto-vídeo-computer Lumena, inventado por John Dunn, alumno de Sonia Sheridan. Sonia donó en 1992 el sistema para que se difundiera este método gráfico en España. (1)

 

Esta tecnología permitió a la artista generar retratos digitales con los numerosos colegas, críticos y amigos del arte que durante la década de los 90 pasaron por su estudio. Entre los retratados se encuentran Pedro Garhel, Claudia Giannetti, Menene Gras, Lola Dopico y Carlos Jiménez, entre otros muchos.

 

Arte ambiental (2) y ecología: «abrazar la vida»

 

Parece que en algún momento de nuestra historia la madre naturaleza se transformó exclusivamente en materia prima y el mundo natural se dejó de venerar. Desde hace décadas se lleva produciendo un expolio indiscriminado de los materiales; llegándose en algunas zonas del planeta a situaciones insostenibles de escasez de alimentos y pobreza. En este contexto de devaluación radical del entorno, las mujeres han ido adquiriendo un mayor protagonismo en las luchas sociales y en los movimientos socioambientales, configurándose una suerte de feminismo popular focalizado en las relaciones entre el cuerpo y el territorio.

 

Marisa González lleva tiempo interesada no solo por hacer arte desde el compromiso feminista, sino también por la exploración de la Tierra como «territorio» extendido a aspectos sociales, antropológicos, geográficos y económicos. A mediados de los 80 en libros como Abrazar la tierra, la física y filósofa india Vandana Shiva ya hablaba de la «revolución verde» para criticar la globalización neoliberal y la dependencia de los gobiernos de las multinacionales de los transgénicos. La artista traslada este sentir, de un modo poético y conceptual, a su magnífica serie Chayotes, vida muerte y transfiguración (2018-19), un fascinante proyecto que puede leerse desde claves espirituales y ecofeministas. Las formas mutantes que retrata ofrecen una triple visión: la reflexión sobre la pluralidad de cuerpos sexuados, la alusión a la finitud de la existencia y la invitación a actuar con urgencia si queremos salvar la Tierra.

 

Los efectos de la química y de la contaminación, bajo su mirada, transforman los cuerpos de los chayotes en formas delirantemente bellas…Quizá si en tanta decadencia se genera belleza… todavía exista esperanza….

 

                                                                      Susana Blas

 

__

(1) Vandana Shiva, Mujer, ecología y supervivencia, 1988

(2) Dentro de la corriente ecofeminista ambientalista citaría autoras y obras paradigmáticas como son: Helen and Newton Harrison (USA), Lagoon Cycle (1974-1984); Mierle Ukeles (USA), Touch Sanitation (1979 -1980); Bonita Ely (Australia), Murray River Punch (1980); Helène Aylon (USA) Earth Ambulance (1982-1992); Agnes Denes (USA), Wheatfield - A Confrontation Battery Park landfill, Downtown Manhattan (1982); Cornelia Hesse-Honneger (Alemania), 51 verschiedenen Fliegenrücken /51 Diptera, Wild Flies, Different Species (1984); o Jill Orr (Australia) Walking on Planet Earth (1989), entre otras muchas.

 

Texto e imágenes cortesía de Freijo Gallery.

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