El Festival de Tendencias Urbanas MULAFEST 2019: cultura, transartividad y nuevas tecnologías

El arte, o es rigurosamente contemporáneo, o no es arte sino historia del arte. El artista vive enfrentándose al mundo del que forma parte mediante su análisis y transformación, realizando ambas tareas mediante su práctica artística. Y es tanto heredero de problemas estéticos pendientes de resolver como progenitor de novedosos planteamientos. Esta es, en resumen, la obligación del artista: resolver viejos problemas estéticos o plantear nuevos. O ambas cosas a la vez, lo que está sólo al alcance de los más brillantes.

 

Cuando Malévich pinta su famoso cuadrado blanco sobre fondo blanco (‘Blanco sobre blanco’, 1917) ejemplifica de manera casi perfecta el planteamiento anterior. Resuelve el problema de la preocupación por la expresión de la forma, central en la historia del arte durante cuatro mil años, y plantea el de la preocupación por la forma de la expresión característico de la contemporaneidad artística. Por supuesto, Malévich no es el único, ni siquiera el primero en hacerlo, pero parece innegable que su ‘Blanco sobre blanco’ cierra el tránsito iniciado con la serie ‘Los cuadros para el templo’ de Hilma af Klint (1906) y ‘Les demoiselles d'Avignon’ (1907) de Picasso que da la bienvenida a un nuevo mundo estético.

 

El problema es que desde esa fecha ha transcurrido más de un siglo y todavía no se dan las condiciones para mandar a esas obras y a esos gigantes que las realizaron al Museo de El Prado o a sus equivalentes en otros países. Donde en buena lógica, por mor del tiempo transcurrido y la aceleración de la historia, debieran estar hace ya varias décadas, probablemente desde la de los setenta del pasado siglo. Porque fue efectivamente en los años setenta

cuando hizo aparición el arte paisaje, el land art, el único descubrimiento artístico que no tiene su origen en la vanguardias históricas. Como corresponde a un periodo político, social y económico revolucionario, los años sesenta y setenta tendrían que haber generado su correlativa revolución artística global dando lugar al cambio de paradigma estético, pero es un hecho que nunca ocurrió tal cambio. (1)

 

De manera que la generalidad de las prácticas supuestamente artísticas de nuestros días han hecho academia de la vanguardia y practican, salvo honrosas excepciones, el canon que jamás establecieron como tal af Klint y Picasso, Malévich y Kandinsky, Mondrian y Duchamp.  Con la anuencia del estado, que las financia solo o en compañía del oligopolio de turno, precisamente porque han renunciado a su necesario carácter transgresor.

 

Lo que constituye, por otra parte, un hecho palpable que nos puede proporcionar pistas a la hora de buscar prácticas artísticas que se correspondan con las realidades de nuestros días, realidades que son complejas y de consecuencias en muchas ocasiones desagradables, en lugar de con manuales normativos tan políticamente correctos como estéticamente estériles. Y las pistas serían, precisamente, tanto la ausencia de presencia subvencionadora del poder como  el propio carácter complejo de las prácticas. Lo que nos lleva a señalar como objeto de investigación el Festival de Tendencias Urbanas MULAFEST celebrado el pasado fin de semana en Madrid y a analizar la concatenación de prácticas artísticas de muy diversas índoles que allí han tenido lugar. Así como su confluencia con otros campos y otras orientaciones que, en conjunto, ofrecen un resultado que es muy superior a la suma de sus partes.

¿Qué pueden tener estéticamente en común esos campos y orientaciones? ¿Qué relación artística existe entre el body painting y los Food Trucks? ¿Entre el circo urbano y la realidad aumentada? ¿Entre el tuneo de motos clásicas y el crossfit? ¿Entre el graffiti y la artesanía del metal mexicana? ¿Entre el pole dance y los patinetes eléctricos? ¿Entre el rock y la fotografía? Que son a la vez causa y efecto de la caótica realidad que conforma hoy día nuestra cotidianeidad, con sus peculiares señas de identidad, generando de manera contundente las sensaciones emocionales e intelectuales que caracterizan una experiencia estética rigurosamente contemporánea.

 

Y, además que muestran en conjunto, contemplados en su totalidad, una poderosa potenciación mutua característica, a mi juicio, de los procesos civilizatorios imparables, y no sólo en el campo del arte.

 

Muy recientemente hemos asistido a una potenciación semejante en el campo de la ciencia astronómica, que ha permitido uno de los logros científicos más impresionantes de la historia: la primera fotografía de un agujero negro, el supermasivo que ocupa el centro de la galaxia Messier 87, conseguida mediante la articulación y confluencia de ocho radioobservatorios sincronizados mediante técnicas avanzadas de interferometría y analizando los resultados mediante algoritmos específicamente desarrollados para ello. En total, participaron en el desarrollo colectivo de la investigación doscientos científicos de sesenta instituciones científicas.  Pero lo que esencialmente pone de manifiesto el logro es que más importante que el fin conseguido es la planificación de los medios que han permitido alcanzarlo. Porque en el futuro inmediato permitirán alcanzar otros muchos fines.

En el ámbito del arte ocurre algo parecido. Algo que podríamos denominar transartividad y que se define como transitar por varias técnicas y disciplinas artísticas en una misma experiencia sensitiva. Si además el tránsito se extiende a otros campos y orientaciones, el efecto potenciador se dispara. Lo que, un año más, ha puesto de manifiesto MULAFEST es la necesidad de la operativa de la  transartividad para generar nuevas e impactantes sensaciones que, manteniendo un elevado componente artístico, lo exceden, haciéndose cultura en el más amplio sentido. Cultura urbana, sí, ciertamente.

 

Y si a la experiencia transartiva le añadimos unas buenas dosis de nuevas tecnologías, como ocurre en el área ‘Creative Communion Cube’, instalación colaborativa de dibujo en realidad aumentada realizada para MULAFEST como experiencia pionera en España, entonces nos encontramos plenamente inmersos en el arte del s. XXI. A partir de aquí, el despliegue de talento genera nuevos parámetros analíticos y transformadores de la realidad basados en elaborados códigos de señales artísticos.

 

Lo que se echa de menos en MULAFEST es el apoyo institucional. Pero eso mismo es también una garantía de genuina honestidad artística, así que en ese sentido y desde el punto de vista del crítico de arte, nada que objetar. Lamentablemente, no opinarán lo mismo la mayoría de quienes han participado en las experiencias, tanto generándolas como disfrutándolas.

 

                                                               Alvaro Sánchez

 

(1) He tratado este asunto con más detalle en “Prohibido prohibir”, arterritory.net, 10 a 14-7-2017: https://www.arterritory.net/nuevas-formas-3djun                                                                         (Fotografías de Maribel Gámez)

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